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Terra
La Coctelera

Yo también soy un peligro para México... (I)

7.30 am. Alarma del despertador, dormí temprano la noche anterior, solo unas chelitas para descansar bien y un poco de música para estar bien relajado. El domingo prometía ser largo y cansado.

Me levanté de buen ánimo, pensando en lo que me esperaba en el centro histórico. Pensé en la cantidad de movimientos que han pasado por ahí, la cantidad de ideas que se han expresado y la cantidad de garnachas que se han vendido (desperté con hambre, debo confesar). Me imaginé a la gente cargando muñecos de papel maché y mantas gigantes como parte de una marcha con tintes corporativos, pero igual pensé que, muchos como yo, asistiríamos por convicción.

8.03 am. Un amigo pasó por la casa y tomamos el metro bus con dirección a Reforma. Al subir, vimos algunas personas con su camiseta amarilla y cara de agraviados. –Seguro vamos al mismo lugar – comentamos -.A la altura del parque hundido subió una señora que parecía de unos 56 años.

-¿Saben en dónde me tengo que bajar para ir al Ángel? – Preguntó en forma muy educada
-Sí, claro, para allá vamos, nosotros le decimos donde bajar-
-Ah, ¿van para la marcha?
-Así es, queremos ver que pasa por allá
-Pues si, yo quedé de verme con unas amigas, venimos de Guadalajara
-Órale, solo vienen a la marcha?
-Si, hasta hace 10 días yo era panista, pero después de ver todas las cochinadas que hicieron los del pan en Jalisco, decidí que no puedo estar de acuerdo con ellos y vine a apoyar a Obrador.

La señora tapatía, nos dejó una carta titulada “carta de una expanista” en la que detalla el origen de su familia (de los Altos de Jalisco), fundadora del PAN y convencida de sus principios, mismos que, según lo detalla, fueron hechos a un lado por la dirigencia y candidatos de ese partido en su estado. -Todo por una ambición de poder -señaló.

9.36 am. Pensábamos bajar en Hamburgo, pero se nos pasó por estar platicando y bajamos en Reforma. Todavía circulaban coches, pero poco a poco se estaba llenando de simpatizantes de AMLO.

Fuimos caminando por reforma hasta Juárez, y de ahí a la Alameda. Hicimos una parada estratégica en el hotel Sheraton para desayunar. Para variar, el Cardenal (restaurante del hotel) estaba atascado de representantes de "la izquierda radical", desayunando una buena sopita de médula!! mmmm… se me antojó, pero hubiéramos tenido que esperar 49 minutos para conseguir una mesa. Así que terminamos en “Los Dones”, el otro restaurante del hotel, que compensa con tener una maravillosa vista a la Alameda.

Desayunando pudimos observar como iba llegando la gente. Se notaba con mucho ánimo, mantas, cartulinas y no faltaron los muñecos de papel maché caracterizando a las figuras políticas de la temporada. En esta ocasión, contamos con la presencia de la maestra Elba Esther Gordillo, con el cuerpo del jorobado de Notre Dame, aconsejando a Carlos Salinas, sentado con cara de vampiro en una silla, justo atrás de Vicente Fox que, con un par de urnas visiblemente “manoseadas”, denotaba la manipulación que esa obra maestra buscaba representar.

Llamó especialmente la atención la forma en que se tradujo la necesidad de expresarse de la ciudadanía, más allá de las tradicionales consignas a la aristocracia política y las grandes mantas bien elaboradas cuyo origen corporativista no es posible ocultar, había muchas personas que, de manera individual y en forma bastante artesanal (cartulina y plumón), exponían lo que personalmente sufrieron en su casilla el 2 de julio. Como una forma de denunciar ese fraude institucionalizado al que ya estamos acostumbrados, el fraude que es “de cajón” y que, por cometerlo todos los partidos y formar parte de nuestra cultura, pensamos que nunca podremos desenmascarar.

10.36 am. Terminamos el desayuno y salimos con dirección al zócalo. Con la cantidad de personas que vimos pasar, pensamos que no llegaríamos. Pero igual quisimos intentarlo. Había que escuchar al candidato en la plaza de la constitución.

Caminamos entre consignas varias, mentadas y llamados a la resistencia pacífica. De repente parecía haber espacios vacíos en la calle, pero no era otra cosa que las mantas de comerciantes ofreciendo todo tipo de objetos de culto a Obrador. Ahí se podía encontrar desde el vaso, pañuelo, camiseta, gorra, bandera, pluma, hasta la fotografía autografiada del mesías tropical. Todo ello con la respectiva consigna de: No al fraude electoral. La industria de la resistencia parece ser muy redituable.

La calle Madero estaba cerrada con una valla que tapaba todas las calles hasta el zócalo, protegida por agentes de seguridad pública que impedían el paso, preparando la llegada del candidato y su comitiva.

En el camino, nos encontramos ni más ni menos que con el ínclito Astillero, Julio Hernández López, recientemente encumbrado por su aparición en la “Mesa de periodistas” de El Cristal con que se mira. Fue cómico ver como, el combativo columnista, rodeado de fans en busca de un autógrafo, tomaba la pose de rockstar inglés, saludando al público con aires petulantes. A diferencia de Elton John o Noel Gallagher, los seguidores del analista llevaban La jornada, y no una foto para que la firmara. El físico no es su atractivo.

Finalmente llegamos a la plaza de la Constitución. Nos fuimos metiendo entre la multitud para estar “lo más cerca posible del templete”. Nuestro objetivo era ver las reacciones de la gente al discurso del sr. López. Así que quedamos a un costado de la catedral, como a 50 metros del escenario, dominado por actores “vetados”. Me sentí en el show de los excluidos. Jesusa Rodríguez y Daniel Jiménez Cacho hacían comentarios “antiimperialistas” al público. “Nos propone una compañera de Guerrero que como un acto simbólico tiremos este líquido negro desde acá arriba para repudiar todo lo que el capitalismo significa. Creo que nos vamos a evitar la vergüenza de manchar esta plaza y la vamos a tirar por la coladera de aquí atrás!!”.
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Desde los micrófonos se hacían notar los contingentes que llegaban al zócalo: “ Nos informan que los compañeros de Pinotepa van llegando, dicen que venían tres autobuses pero que la gente del gobierno de Oaxaca les complicó la salida y finalmente están con nosotros diez compañeros que se vinieron de aventón”, “Una delegación que salió desde el miércoles de Sonora está con nosotros”. Y así se daba cuenta de los diferentes grupos que llegaban de todo el país. La sensación era de estar todos juntos.

Se escucharon también avisos informativos: “A la señora Celestina Ruiz de Campeche, la espera su familia junto a la manta del escudo nacional”, “A la familia del niño Joaquín Rivas se le informa que su hijo está en una ambulancia ubicada en la calle Tacuba, al parecer está sufriendo un ataque de apendicitis”… entre otros.

13.09 pm. Para esperar la llegada del candidato, se proyectó en las pantallas la cuarta parte de los videos de Luis Mandoki “¿Quién es el señor López?”. Dedicado a los sucesos postelectorales, en el que se busca establecer las causas por las que, precisamente, en ese momento, más de un millón de personas congestionaban el centro histórico de la capital de un país en el que, todavía, existen muchas dudas acerca del proceso electoral.

13.27 pm. Se escuchó en los micrófonos: “ Vamos a suspender la proyección de esta película, porque está llegando el licenciado Lóoooopez Obradooooooor a esta plaza de la Constituciooooón!!!”.
Tronaron petardos y se detonaron los gritos de miles de simpatizantes: “no estas solo, no estas solo!!” para seguir con “Voto por voto, casilla por casilla!!”, sin omitir “presidente, presidente, presidente!!”.

Acompañando al candidato, caminaba una enorme comitiva entre la que se podía apreciar a sus colaboradores cercanos, Camacho, Monreal, Ebrard, Sheimbaum, etc.

Entre la llegada del candidato, Rosario Ibarra de Piedra, luchadora social, cuyos últimos 30 años los ha dedicado a la búsqueda de su hijo, (joven estudiante acusado de comunista guerrillero y desaparecido en 1974) y ahora senadora plurinominal electa por la coalición Por el bien de todos, tomó la palabra. En un discurso, que podría ubicarse en un mitin de la izquierda clandestina de los 60, la señora señaló la importancia de la participación de la gente en esta concentración contra el fraude electoral y la toma el poder por la derecha. Calentando a la gente para cerrar con un: "Ya está aquí el candidato que sí gano las elecciones!!! Andrés Manuel López Obrador!!!.

El candidato llegó sonriente. Difícilmente alguien podría llegar de malas a una concentración de esas proporciones movilizada en su apoyo. Estuvo un rato saludando a la gente desde el templete, hasta que se anunció al primer orador: "El señor Carlos Monsiváis, muy querido y reconocido intelectual mexicano, acompañado de Sergio Pitol, otro reconocido escritor mexicano, nos dirigirá unas palabras."

En un discurso muy atinado, Monsiváis trató de ubicar el origen de un movimiento social que va mucho más allá del proceso electoral, definiéndolo de la siguiente manera:
“Advertimos que la gente está indignada, alegre, informada y muy decidida.

Los patrocinadores del fraude hormiga, los que desataron -y a nombre de la libertad de expresión, nada menos- la campaña de "López Obrador, un peligro para México" exhiben también su mentalidad clasista: si un candidato presidencial es "un peligro para México" lo son también los que deciden votar por él en números tan elevados...

No obstante, más que de un país dividido debe hablarse de una mayoría en los alrededores de la concentración extrema de la riqueza...

No abandonemos nuestros votos en la fosa común de la resignación o la apatía. Voto por voto y casilla por casilla."

La mayoría de los presentes no parecía conmovida con las palabras de un sociólogo, cuyo tono discursivo era más somnífero que una balada de Luis Miguel. Sin embargo, se reconoció a un intelectual de ese tamaño como parte de un movimiento de todos. Por esa sensación de "estar acompañados", valieron la pena las cabeceadas en el zócalo!.

A continuación las palabras del líder… (Continuará...)

Tres días para ser flaco

Con 87 uno no se siente igual. Las caminatas se hacen más largas, las escaleras más pesadas y la báscula más flexible. Dejó de ser “graciosa” la pancita que en algún momento llegué a considerar “sexy”.

Los “amigos” no pudieron ser más contundentes: “ya se te nota un poco más”, “Tú no haces ejercicio ¿verdad?” o “Comes siempre en la calle, ¿verdad?”. Formas elípticas de confirmar la obesidad de una persona.

El día del juicio llegó. La playa, el lugar en el que tengo la sensación de pertenencia más fuerte, comenzaba a significar “un poco de pena”. Nada grave al principio, pero cuando alguien crece en una sociedad inmersa en la cultura del “lucir bien”, con ejemplares como Brad Pitt o Jud Law que, de entrada, hacen sentir al resto de los mortales como hijos de Michael Moore o Héctor Lechuga, no queda más que refugiarse en el complejo anoréxico “siempre que me veo en el espejo, me veo gordo”.

Y así surgen las opiniones acerca de las “formulas para adelgazar”. Comer menos es algo que ya descarté. Son tan pocos los incentivos en este país para que, cuando pides algo lo hagas de forma racionada, que es una alternativa que no nos funciona a quienes carecemos de fuerza de voluntad.

Últimamente la panza se convirtió en todo un tema. No solo se colocó como un estorbo institucionalizado, sino que comenzó a crecer llegado a la incomodidad, ya no digamos estética sino física. Una amiga de la oficina me habló de los efectos que, en su cuerpo, tuvo una dieta, calificándola de “buenísima” y concluyendo con un “.. y no he vuelto a subir”. Aprendí que “el rebote” es otra de las discusiones que se da entre los gorditos. -Es la de los tres días, mejor conocida como la del helado de vainilla – me dijo.

La dieta consiste en un menú muy específico, bastante frugal a mi juicio, que debes seguir puntualmente durante tres días. El desayuno es de media toronja, un pan tostado y una cucharada y media de mantequilla de cacahuate. El truco es no comer mucho y hacerlo de forma equilibrada. Para la comida hay 100 gramos de carne, una taza de ejotes y otra de betabel, una manzana y claro, tu helado de vainilla, que termina siendo un oasis maravilloso. Para la noche yo estaba mordiendo la taza de café. Eso sí, tomé café como contratado y agua que bueno, me sentía tinaco de edificio multifamiliar.

Bajo la premisa de que “son sólo tres días y el resto de la semana puedes comer lo que sea” uno se anima. Han pasado cinco semanas. He bajado 5 kilos. La profecía de que bajaría dos a la semana no se cumplió. Quizá porque el resto de la semana busco desaforadamente compensar todos los momentos en que me sentí reprimido frente a las fritangas, rompiendo con las letras chiquitas que señalaban –casi sigilosamente- “con moderación”. La moderación no es algo que me acompañe normalmente. Mi madre me lo hacía ver cuando llegaba incróspito de fiesta “Alfonso tú no tienes llenadera”. Me doy cuenta de que no he cambiado mucho. Persisten

Los efectos

La primer semana se siente uno mareado, salí el primer día a una fiesta en la que no comí nada, tomé agua mineral y fume un montón. No sentí mucha hambre. A las 11pm tuve que pedir una silla porque me sentía medio mareado. Fue la dieta! –dijo una amiga - las drogas – dijeron el resto - . No estoy seguro, pero la mala combinación me afectó. A pesar de eso, sobreviví.

De la segunda a la cuarta semana logré controlar mi ímpetu taquero. Como reflejo pavloviano, pasaba junto a unos tacos al pastor y comenzaba a salivar casi de manera inconsciente. Al final de la cuarta el desorden me ganó y no conseguí comprar todo lo que necesitaba. El segundo día, a cuya cena correspondía una taza de queso cotage y cinco galletas habaneras, llegué a horas impropias y encontré el refrigerador vacío. Mierda!! Olvidé comprar el queso. Decidí cancelarla y cenar “como dios manda”.

A la siguiente semana retomé el ritmo. Con el trabajo que me costó, debería guardar la compostura los siguientes cuatro días. Pero se atraviesa un viaje a Tampico y difícilmente podré resistirme a las bondades de las jaibas rellenas, ceviche o tortas de la barda. Y así el lunes tendré suficientes culpas para retomar la preocupación estética.

Taxi

Despertar en la playa… un jugo de naranja, un desayuno contundente y a descansar en las hamacas de la enramada frente al mar… Pie de la Cuesta. Minutos más tarde, el primer gallito del día, ayayay!! El estado ideal.

Todo iba bien hasta que recibí una llamada, ¡no sé por qué llevé celular! Me esperaban en poco tiempo en el centro de Acapulco. ¡Mierda! Nada peor que abandonar ese momento.

Tomé un taxi colectivo, de los que tienen una ruta definida y suben a las personas que quepan. Afortunadamente solo íbamos dos, una chica del pueblo en el asiento de adelante y yo atrás. Iba cómodo. Avanzamos un poco y subió otra persona junto a mí. A pesar de eso todavía era cómodo. Por la estética supuse que era “de la vida galante”. Faldita de rayón pegada a unas pronunciadas caderas, medias de red y zapatos con suela plástica de 10 cm., además de una playera corta color rosa con algunas letras resaltadas con lentejuelas. Físicamente no era desagradable, sentada se le veían las piernas largas y bien formadas. Frente amplia y nariz ancha, polvo en las mejillas y los labios pintados de rosa. Subió con una mirada indiferente. No cruzamos palabra.

Ya en la carretera a Acapulco otra persona hizo la parada al taxi. Nos detuvimos y un hombre subió, se sentó, nos miró, dijo -no mejor no- y se bajó cerrando la puerta con fuerza. Todos en el coche nos extrañamos. El evento abrió la conversación. Especulamos acerca de por qué no se quiso subir con nosotros.- ¿Habrá visto algo malo? - se preguntaba la compañera de mi lado. -Seguro no le gustan las mujeres - afirmó el chofer. La chica que venía adelante remató: “me hubiera dicho y yo le dejo el lugar para que viniera junto a usted”. Todos reímos. Yo pensé que era el clásico maniático que no soporta estar “apretado” en el taxi. Hubo un consenso en el: ¡Que mamón!

Entrados en confianza, la señorita de mi lado comentó - híjole, ya se me hizo tarde!- ¿para qué? – le pregunté - para el trabajo –respondió-
- y.. ¿en qué trabajas?-
- Relaciones publicas, en un hotel -
- Ah! y, ¿a qué hora entras? -
- A las once -
- Son las 10.39, te quedan 21 minutos para llegar, no te preocupes que sí llegas-
- Ya sé!, el otro día iba igual de tarde, saqué mi rosario y me puse a rezar y si llegué a tiempo-
- Órale! ¿Crees que existe una correlación directa entre el rosario y la velocidad del auto? -
- ¿Cómo? -
- Sí, ¿que si tú piensas que si rezas con mucha fe llegas más rápido a tu destino? -
- No sé, no lo había pensado así. Es que yo creo en cosas raras –
- ¿Ah sí?, ¿como qué? -
- Pus… cosas. Creo en vampiros –

Su mirada se fijó en la carretera y sonrió discretamente, quizá coqueteando un poco con el chofer. Parecían viejos conocidos.

- ¿Por qué crees en vampiros? Es un poco raro, la verdad -
- Es que tengo sueños con vampiros –
- Órale! Y ¿qué clase de sueños? –
- Sueños –
- Sí, sueños, pero ¿Qué pasa en los sueños? –
- Ya, no te voy a decir, mejor a otra cosa –
- ¿Son violentos o agradables?
- Uy, muy buenos –
- Pero ¿Qué hacen, son eróticos?-
- Nada, nada –

Sentí que la presionaba mucho y decidí cambiar la conversación para aligerar el camino.

- ¿Cómo hago para llegar a la terminal de “Estrella de oro”?- le pregunté al chofer
- Se tiene que bajar y … - Yo le digo, yo me bajo en el mismo lugar y le digo en cual se suba - se adelantó la compañera
- Que amable, tú me avisas. Oye, entonces trabajas en el turismo. ¿Y aumentó tu chamba en semana santa?
- Sí, estuvo cabrón. Hubo muchos clientes en el hotel y luego todos quieren todo y al mismo tiempo. Y si no lo haces se ponen groseros.
- No chingues! Y ¿Cómo aguantas? Debe ser complicado estar lidiando con gente tan pesada todo el día!
- No pues una les responde con la mejor cara. Aunque por dentro nos lleve la chingada.
- Yo no podría, bueno una o dos veces quizá sí, pero todo el día aguantando groserías es todo un arte. ¿No te dan ganas de mandarlos a freír espárragos?
- Estamos entrenadas para aguantar todas las groserías con una sonrisa en la boca, “el cliente siempre tiene la razón”.

Me aterrorizó pensar en el efecto de la cultura de la “calidad en el servicio” en un oficio milenario. Pensé que, a pesar de la estética, su forma de pensar obedecía a los valores tradicionales mexicanos y esa calidad en el servicio era una forma sutil de ocultar la sumisión en una cultura machista.

Quise pagar de una vez, saqué un billete de 100 pero el taxista no tenía cambio, le propuse que me cobrara lo de mi compañera, aceptó y se rió. Ella asintió – ay gracias –
Me sentí autorizado para continuar con las preguntas. Pero nuevamente se adelantó:

- Hotel Copacabana
- ¿Cómo?
- Es donde trabajo
- Ah, oye pero, ¿cuéntame un poco más de los sueños no?, ¿no te dan miedo? debe ser un poco feo.
- ¿Miedo? No, para nada. Los vampiros son guapos por naturaleza –
- No me digas, ¿Cómo sabes? ¿Conoces a varios?
- Pues sueño con ellos!!!
- Y ¿Dónde suceden los sueños, en la playa, la montaña, un lugar cerrado?
- Una habitación
- ¿Tú con los dos vampiros? Ayayay! Suena intereante!, sobre todo si son tan guapos como dices
- La verdad sí
- Y ¿has hablado con alguien sobre eso?
- Sí, hablé con un padre de la iglesia de por mi casa, le conté lo que soñaba y me dijo que tal vez yo fui vampiro en otra vida
- Órale! ¿Te lo dijo el padre?, no mames es realmente loco!
- Si, como reencarnación. Yo creo que por eso me siento muy a gusto con ellos. Me gustan esos sueños
- ¿Son recurrentes?
- 2 o 3 veces por semana

Me vino a la mente la película de “Santo VS. las Mujeres Vampiro” (1962) y pensé que podía ser cierto que los vampiros son guapos por naturaleza. Me imaginé como el Santo, luchando contra vampiras cachondas que pretendían chuparle la sangre al quien se dejara. El símil no era tan difícil de imaginar. Pensé que podría ser la siguiente víctima de mi compañera de taxi. ¿Qué estrategias letales tendría una vampiresa obsesionada con el horario laboral y la “atención al cliente”?. Quizá una cronométrica venopunción alrededor del esternocleidomastoideo, desde luego, aguantando todas las quejas del cliente. Sin quitar la sonrisa de la boca. ¡sangre, sangre, SANGRE!

- Oiga, por aquí se tiene que bajar – me señaló el chofer
- Aquí nos bajamos, yo le digo por donde hay que irse – agrego ella – Aquí es la zona roja de la ciudad, tiene que caminar una cuadra y tomar un autobús o taxi, como sea –
- Prefiero taxi, ¿Es muy lejos?
- Yo voy por allá – Se puso sus lentes obscuros y bajo.

Miré alrededor y, aunque era medio día, tuve la sensación de cruzar la escenografía perfecta para el ataque de un quiróptero. Ella parecía de mi estatura y caminaba con mucha seguridad cruzando los charcos de la calle con un claro conocimiento del terreno.

- Ahí!, tienes que salir por esa calle, tomas el taxi y te lleva directo. Adiós.
- Muchas gracias. Oye, perdón, ¿Cuál es tu nombre?
- Anel.

Se dio la vuelta y se fue. Quizá a prepararse para atender a sus víctimas, o con la esperanza de ser la presa de uno de los habitantes de sus sueños. Mmmm... se me antojó un pan de ajo!